sábado, 13 de julio de 2013

Una Cooperativa en mi escuela


En 1844 en la ciudad de Rochdale, Manchester, Inglaterra, se fundó, la primera cooperativa que impulsó el desarrollo del cooperativismo. Entre sus objetivos se encontraba el de enseñar las virtudes de la cooperación. Así surgió el principio de la educación cooperativa el cual, junto a otros más, conformaron lo que se dio en llamar la doctrina cooperativa.
En nuestro país, a principios del siglo XX, se reclamaba la enseñanza de los principios cooperativos en las escuelas. Importantes decretos y leyes provinciales fueron fortaleciendo la necesidad de ir formando a los niños y jóvenes, de un espíritu solidario, para lograr hombres responsables y comprometidos con las necesidades económicas y sociales de sus comunidades. En este sentido también, la UNESCO, reconoce la importancia de que se creen cooperativas escolares, definiéndolas como “sociedades de alumnos administradas por ellos con el concurso de los maestros con vistas a actividades comunes. Inspirados en un ideal de progreso humano basado en la educación moral de la sociedad de los pequeños cooperadores por medio de la sociedad y el trabajo de sus miembros”.

Es así que se puede afirmar que la verdadera naturaleza de las cooperativas escolares es esencialmente pedagógica, (…) constituyendo una valiosa herramienta didáctica en el ámbito de la enseñanza.  La práctica del cooperativismo escolar a través del trabajo en equipo, beneficiará no sólo al alumno y su familia sino también a la escuela, porque los contenidos curriculares, serán de gran interés para la comunidad ya que se ajustarán a las realidades que viven.